domingo, 1 de septiembre de 2013

Epílogo


Habían transcurrido algunos MUCHOS años . Paula, ya con setenta y ocho años de edad, descansaba en la camilla del hospital donde había vivido buenos y malos momentos. Ella observaba la televisión, cuando tres leves golpes sonaron tras la puerta. 
—Adelante —Habló con dificultad.
—¡Tía! —Exclamaron tres de cuatro hijos de David y April, quienes ya dormían en un ataúd.
—Buenos días chicos —Sonrió ella.
—¿Cómo te has sentido? —Cuestionó la más pequeña, aunque muy pequeña no era. Solo tenía treinta y siete años.
—Muy bien, gracias Jay. ¿Dónde está Pedro?.
—Está..
—¡Es un hijo de perra! —Gritó Pedro entrando a la habitación.
—¡Baja el tono Pedro! —Exclamó Daniel, uno de los chicos—. ¿Qué no ves que visitamos a la tía Paula y está conectada a un millón de cables en un hospital? —Lo regañó.
—Lo siento tía —Se disculpó el chico.
—No importa —La anciana sonrió con ternura.

Cada uno de los hijos de su hermano, obtuvieron el nombre de sus mejores amigos, con los cuales había vivido los mejores días en su adolescencia. Estaba Kevin, Jay, Daniel y Pedro.

—¿Qué dicen si entregamos los regalos a tía Paula? —Habló Jay—. Feliz cumpleaños número setenta y ocho, por cierto.
—No me lo recuerdes —Cerró los ojos con fuerza la anciana y rió—. Muchas gracias chicos.
—Ten —Musitó Jay haciéndole entrega de su obsequio.
Luego le siguió Kevin,Daniel y por último Pedro.
—El tío Kevin y yo queríamos obsequiarte ésto juntos, pero, lamentablemente, su hora llegó y solo yo tendré que hacerte entrega de él —Musitó Pedro extendiendo su brazo con un marco de cabeza en mano.

Paula lo tomó en sus manos el obsequio de Pedro y su mejor amigo, ya muerto, Kevin. Lo giró y se encontró con una linda fotografía de todos juntos cuando tenían de dieciocho a veinte años. Se centró en el rostro sonriente de Pedro, su novio, quien falleció joven. Se veía tan alegre y vivo. Quería abrazarle nuevamente y besar tiernamente sus labios como solía hacerlo.
Acercó la fotografía más a sus ojos y logró divisar el Marron de los globos oculares de Pedro. Una vez más, se perdió en ellos. Siempre lo hacía.
—Muchas gracias —Musitó la anciana limpiando una de las lágrimas que había caído de sus ojos.

 Tomó nuevamente la fotografía y acarició la figura de su amado. ¿Por qué debió fallecer tan joven?. Desde ese entonces ella no volvió a salir con nadie, le extrañaba. Cada noche, cuando era joven, usaba una de las prendas de ropa pertenecientes a Pedro.
—Por siempre y siempre estarán en mi corazón, todos ustedes —Habló Paula—. Me hacen mucha falta, desearía poder volver a ese tiempo en el que todos estábamos juntos compartiendo como los divertidos y anormales jóvenes que solíamos ser. Quiero reír con las tonterías de Kevin, bromear con April, jugar con Daniel, salir con David, abrazar a Jay.. y por último, sentir los cálidos besos de Pedro contra mis labios. Los amo.

Tia en que estas Pensando? -Susurro Pedro.


En tus tios. Dijo con Voz de Hilo.

Senti como mi cuerpo se dormia y mis ojos se cerraban.. Escuchaba voces que decian Tia tia.. UN MEDICO

Y vi una luz.. alguien caminando hacia mi. Pedro? -Mi voz de emocionada-
—Tanto tardaste? -Pregunto en forma graciosa.
—Bueno Perdon. -Rei-
—Seguis siendo hermosa.. Veni vamos —agarro su mano—
—A donde?
—Ahora te explico pero dejame hacer algo antes.
—Que? —Sonrei.

Pedro me beso.

—Extrañe tantos tus besos —Mientra miraba sus ojos verdes.
—Yo tambien.. Pero me explicas que esto.
—Bueno veni..


Fin.


Bueno chicas, agradecerles sería muy poco. Las amo por leer mi novela, y al parecer, ha sido un exito . Decidí por un final triste porque quería hacer que no se lo esperasen. Son las mejores lectoras que pueden existir 

Capitulo 38 Ultimo Capitulo

Último capítulo.


Narrador externo.


Cuatro días después, Paula abrió la puerta de su casa. Sus ojos estaban rojos e hinchados, su maquillaje corrido y su cabello algo desordenado por haber estado día y noche en el hospital. Todo en su organismo le dolía. Los ojos de David estaban iguales a como los tenía Paula, la había acompañado los últimos tres días junto a sus amigos en aquellas incómodas sillas negras. Tan solo recordar todo lo ocurrido, le daba nauseas.

Subieron a la segunda planta queriendo llorar a no poder más, y aún tenían la esperanza de que todo ésto fuese una horrible pesadilla. Pero, lamentablemente, era la maldita realidad.

—¿Y tu madre? —Cuestionó David en un hilo de voz.
—Continúa en el trabajo —Musitó con melancolía quitando todo rastro de rimel corrido con crema quita maquillaje.


Vestidos de negro, se retiraron de su hogar y subieron al vehículo de David en completo silencio. Una vez en el auto, encendió la radio para que sus sollozos no fueran oídos por su hermanastro. Ella viró la vista a la ventana y cerró los ojos para que nuevas lágrimas resbalaran por sus mejillas. No podía creer aún lo ocurrido. Observó a David, quien tenía la vista concentrada en el camino, y acarició su cabeza con dificultad.
—Gracias por estar a mi lado en este momento —Le agradeció la chica.
Él solo asintió con la cabeza. No soportaba el dolor que tenía dentro del cuerpo y maldecía en su cabeza el no haber podido ayudar cuando sus dos amigos lo necesitaban. Jamás se perdonaría haber estado lejos de ellos en aquel trágico momento.

En silencio, David aparcó el vehículo y ambos bajaron de este. Fueron directamente donde se encontraba su amigo, junto a April y Jay, que le hizo compañía todos los días, desde muy temprano. Hasta que el sol comenzaba a desaparecer, ya que la oscuridad le hacía recordar el horrible sentimiento que recorrió su cuerpo aquella noche.

—¿Cómo está? —Cuestionó Paula con un nudo en la garganta.
—Mejor —Respondió Jay levantándose de su asiento.
Kevin, al oír la voz de su amiga se sentó alegremente en la camilla de hospital con una gran sonrisa en el rostro.
—Vas Happennin —Habló él.
—Hola estúpido —Sonrió ella mientras acariciaba sus oscuros cabellos—. ¿Cómo te has sentido? —Preguntó.
David tomó asiento junto a April en el sofá marrón que había en la habitación. La tristeza se encontraba presente en el lugar, todos con rostros nostálgicos y Daniel no entendía nada.
—Mucho mejor que ayer por la noche —Suspiró.
—Me alegro —Articuló Paua conteniendo las lágrimas que querían huir de sus ojos al ver la camilla vacía a su lado.
—¿Han visto a Pedro?, estos días no ha venido a visitarme. Las pagará bien duro como siempre cuando hace algo malo —Rió.
Los chicos en la habitación se quedaron en silencio y observaron disimuladamente al suelo.
—Iré por algo de beber, ya vuelvo chicos —Informó ella mientras cerraba la puerta y dejaba salir las molestas lágrimas que cada día se hacían presentes.

Paula caminó por el corredor del hospital, haciéndole recordar aquella linda vez cuando él fue por ella a aclarar las estupideces que había dicho Summer. Cuando la besó con todo el amor del mundo.

Insertó el dinero dentro de la máquina y marcó la gaseosa que deseaba. Al voltear, se dio cuenta de que una de las habitaciones estaba completamente abierta. Y la recordaba. Allí permaneció Charlotte por un largo tiempo, y ahora, debió haber dejado éste mundo, para reunirse con Pedro. Su marido.

Sonrió a aquella habitación y limpió las lágrimas que corrían por sus mejillas. Se dirigió al jardín trasero del hospital, donde ubicó, a unos cuantos metros a Kevin, como le llamaba ella. Se acercó en silencio a él y le saludó con un fuerte abrazo. Si que lo necesitaba.
—Creí que habías vuelto a casa —Musitó Paula en un hilo de voz.
—Preferí ir contigo a su entierro.
—Lo extraño —Murmuró entre lágrimas.
—También yo —Sollozó el chico—. Él no merecía toda ésta mierda. Maldita sea aquella noche.

Y fue entonces, cuando recordó.

Flashback.


Los tres amigos corrieron donde Daniel. Jay corrió el cabello de su novio para atrás y besó sus labios con ternura.
—Daniel, estarás bien. Lo sé —Habló su mejor amiga.
Paula, Jay y Kevin levantaron a Daniel del suelo y lo recostaron sobre el sofá blanco de la sala de estar.
—¡Maldito hijo de perra! —Oyeron el gran grito de Pedro desde la segunda planta, seguido de un disparo.
Las lágrimas de Paula no dejaban de caer luego de oír un silencio absoluto. Los tres subieron rápidamente las escaleras, encontrándose con dos cuerpos sin vida repletos de sangre y morados.

Paula corrió donde se encontraba Pedro y elevó su cabeza entre sus débiles manos. Kevin cerró los ojos con fuerza, dejando escapar algunas lágrimas de su parte. Y no queda decir que Jay era una sequía por haber dejado caer todo el líquido del cuerpo por sus mejillas en forma de lágrimas.
—Pedro Pedro despierta —Balbuceó Paula dejando caer gotitas provenientes de sus ojos sobre el rostro pálido de su novio—. Pedro, por favor —Sollozó—, despierta. Dijiste que viviríamos felices para siempre y envejeceríamos juntos como pareja, como aquellos ancianos del parque —Derramó más lágrimas—. Responde por favor Pedro. Prometiste que estarías bien —Lo sacudió levemente.
Paula ya no oía el palpitar del corazón de Pedro, por lo que abrazó con todas sus fuerzas a aquella persona que le había hecho sentir amada.
—Te amo.. —Susurró ella en su oído con melancolía.

Fin flashback.

(...)


El cura cifraba parte de la biblia que leía en cada entierro, la tumba bajaba y Pedro tenía el rostro oculto bajó el pecho de Kevin. Llorando a más no poder. No quería oír ni ver nada. No quería recordar a su novio que falleció con unos escasos dieciocho años de vida. Y lo que más dolía en ese momento, era que venían recuerdos de cuando eran felices todos juntos. Más ellos dos, los buenos y los malos. Paula giró un poco su cabeza a ver el pálido rostro de Pedro, quien iba bajando con lentitud para permanecer bajo tierra por el resto de la humanidad. También le dolía no poder oír su voz más, recibir sus abrazos, discutir por temas absurdos.. sus tiernos besos. Realmente le extrañaba con todo su corazón y alma.

—Amén —Finalizó el cura.
—Amén.

Los tres amigos más cercanos, Jay, Kevin y Paula, se quedaron contemplando un tiempo más la escena, mientras los otros evacuaban el lugar. Intentaron calmar su respiración y observaron firmes a la tumba ya dentro.

El trío dio la vuelta para volver a casa, al igual que los demás. Pero Paula se alejó de ellos al oír la voz que tanto extrañó aquellos cuatro días.

—Jamás me olvides.

Frente a ella lo tenía. Como si nada hubiera ocurrido la noche de días atrás, con su hermosa sonrisa que tanto amó y amará por siempre. Él la miró con aquellos ojos color esmeralda con ternura y amor mientras secaba algunas lágrimas que corrían por las mejillas de Paula.

—Nunca lo haré —Sollozó, a la vez que el llanto aumentaba.
Él quitó su mano de la mejilla de la chica y rió. Esa imagen se fue dispersando. Paula se limpió las lágrimas, como si ellas fueran las causantes de la desaparición. Pero por desgracia, no.
—Tampoco olvides todos nuestros momentos juntos, tu primer beso, tu primer gran amor, el día en que nos conocimos; el día en que te pedí que fueses mi novia. Ten siempre eso en tu memoria —Musitó él—. También lamento no haber cumplido mi última promesa. Pero al menos ya estás libre de peligro —Sonrió—. Te amaré por siempre —Y la imagen del chico acabó por desaparecer, sólo la escuchó por última vez. Como una bonita frase la hizo sonreír, más porque salió del corazón inexistente de Pedro—. Nadie escoge su amor, ni el momento, ni el sitio, ni la persona. A veces la persona que menos te esperas puede ser aquella, como lo fuiste tú para mí.


Estoy llorando otra vez :(:(:(..


MUCHAS GRACIAS A TODAS LAS QUE LEYERON LA NOVELA, LAS AMO, SON LAS MEJORES 
En unos segundos subo el epílogo.

Capitulo 37


Él estaba ahí, observando la misma fotografía que George había visto antes. Volteó la mirada y quedé estática, él tenía una sonrisa llena de deseo y picardía.

Intenté encender la luz para mas claridad pero por el temblor que yacía en mi cuerpo, se me fue imposible.
—Buenas noches hermosa —Habló—. ¿No me saludarás? —Cuestionó minutos luego al ver que no respondía.
—Déjame.. en paz.. —Musité en un hilo de voz. En éstas circunstancias emitir algo es muy difícil.
—¿Qué?, ¿Cómo quieres eso hermosa si aún no eres mía? —Se acercó con el ceño fruncido a mí.
Mis piernas eran débiles. Sentía que caería en cualquier momento; pero si lo hacía, él aprovecharía la situación.
—Vete Chaz. No quiero nada contigo ahora. Lo nuestro ya es historia. —Articulé con un tono de voz duro. ¿De dónde saqué las fuerzas para decir aquello?.
—Y la reconstruiremos —Se acercó aún más—. ¿No te gustaría?, ¿Recuerdas los lindos tiempos en que ambos nos amábamos?.
—No. Olvidé todo lo relacionado contigo.


Le necesitaba. Quería que estuviera a mi lado, abrazándome, protegiéndome de todos éstos problema
—¿No recuerdas aquella noche en la fiesta de Breeze? —Interrumpió mis pensamientos.
—No —Mentí.
—Bueno, allí fue donde pedí que fueras mi novia. Recuerdo que tu aceptaste y tus ojos brillaban. Típica niñita enamorada.
—¡Vete de una maldita vez Chaz! —Le grité.

Me fulminó con la mirada y rápidamente corrió a mí, tomando mis muñecas con sus fuertes manos. 
—Me lastimas —Susurré débil. 
Lágrimas bajaron lentamente por mis rosadas mejillas. Cada vez el temor aumentaba y mis fuerzas se hacían más nulas.
—Eso no importa ahora —Sonrió pícaro entre la oscuridad—. Serás mía en éste instante —Chaz dijo acariciando mi cabeza. Me sentí sucia.
—Déjame en paz.. —Sollocé.

Comenzó a tocar entre mis temblorosos muslos.

No podía hacer nada más que usar mi boca, y la haría útil ahora.

Grité.

—¡Silencio! —Gritó él, furioso.
—Vete —Murmuré.

Cerré mis ojos con fuerza, dejé mis oídos sordos. Segundos luego, sentí como Chaz quitaba sus manos de mis muñecas y muslos, y unos fuertes brazos me rodeaban por la cintura.

Podía reconocer su aroma.

Pedro.

—Tranquila. Ya estoy aquí Paula —Susurró a mi oído con delicadeza mientras se alejaba unos centímetros para observarme directamente a los ojos.
Los de él brillaban como siempre, pero los míos debían estar opacos, rojos y cristalizados.
—¡¿Qué mierda haces imbécil?! —Gritó Chaz a un metro de distancia, estaba sobre el suelo pero inmediatamente se colocó en pie.
—No la toques —Pedro dijo con furor.
—¿Y quién te crees tú que eres para ordenarme? —Rió irónico—. Hijo de perra.
Chaz, al decir aquellas últimas palabras se abalanzó sobre Pedro, golpeándolo fuertemente con sus puños y piernas.

Observé horrorizada la película que tenía frente a mis ojos. El labio de Pedro comenzaba a sangrar, pero bastó solo unos segundos para que él se defendiera.

Finalmente, Chaz quitó una afilada navaja de sus vaqueros y señaló a Harry con ésta.
—¡Basta! —Grité entre lágrimas.
El psicópata de Chaz concentró su mirada en mi, y Alfonso, al notar lo que su oponente hacía, lo lanzó lejos, aprovechando de la situación.
—Fuera de la habitación . Yo terminaré ésto —Musitó Pedro mirándome a los ojos. Se veía sincero, como la primera vez que observé a ese laberinto.

Dos meses atrás.

Flashback.

Dí la media vuelta y me estrellé contra un torso fuerte, pero cálido. Estuve a punto de caer y cerré los ojos, en cuanto sentí una mano en mi cintura.

Abrí lentamente los ojos & me encontré con los de él. Tenían un brillo único y de un hermoso e intenso color verde. 
Nunca antes había notado sus ojos.. Pedro tenía sus globos oculares que te dejaban hipnotizada y atrapada dentro de ellos, como un laberinto esmeralda.

—Ahm.. —Logré articular, volteando la mirada.

Todos nos observaban atentos.

—Eh, disculpa —Me soltó y recuperé el equilibrio—
—G..Gracias Pedro —Me ruboricé para luego dar la media vuelta.

Fin flashback.

—No puedo Pedro. No te dejaré solo en éstas situaciones, yo soy fuerte.. —Murmuré.
—No en éstas circunstancias Paula —Se levantó con dificultad—. Ve abajo y marca a los chicos; ellos te cuidarán.
—No, no te dejaré aquí solo —Sollocé—. Estaré contigo en ésto.
—Estaré bien, lo prometo —Acarició mi mejilla con una de sus grandes y cálidas manos—. Todo esto pasará y viviremos una vida normal pero divertida, como solo nosotros sabemos vivirla. —Se acercó un poco más—. ¿Recuerdas en el parque cuando estuvimos los cinco?; luego de que me informaste sobre toda esta mierda, prometí que estaríamos siempre juntos. Incluso dije que seríamos como aquella feliz pareja de ancianos que caminaban por allí —Sonreí.
—Por favor, prométeme con el corazón que estarás bien. Temo de lo que Chaz pueda hacer. Él es peligroso.
—Prometo por lo que más quiero, que estaré bien. Te amo.
Susurró dulcemente y unió nuestros labios como la primera vez, con delicadeza y amor; pero éste era aún más especial que los otros, más duradero y tierno.
—Y yo, Harold —Musité al alejarnos. 
Sonreímos y contra mi voluntad, salí de la habitación.


Observé al reloj de la sala de estar, el cual marcaba las dos de la madrugada; y hace exactamente dos minutos, Paula había hecho una de las promesas más honestas conmigo.

Se oían fuertes sonidos desde arriba y cada vez el temblor en mi cuerpo se hacía más intenso.

Pero el derribo de mi puerta interrumpió mis pensamientos.
—¡¿Pero qué demonios ocurre?! —Gritó Daniel con el cabello alborotado; a su lado venían Jay y Kevin.
—Chaz.. —Dije en un hilo de voz, lanzándome a los brazos de Daniel—. Chaz y Pedro.. arriba..
—Tranquila —Murmuró Zayn a mi oído—. Iré a ver que ocurre.
—¡No! —Negué rotundamente.
—Puede suceder algo desagradable. Ayudaré a Pedro.
—No, Daniel, por favor no.. 
Sentía como las lágrimas saladas caían con rapidez por mis mejillas, mis manos temblaban —Al igual que todo mi cuerpo—, y mi cabello se enredaba más cada vez que deslizaba mis dedos entre éste.

Daniel me dejó a un lado y me dedicó una linda sonrisa, para luego, correr escaleras arriba.

Mis piernas cayeron sobre el suelo sin más y con ambas manos, cubrí mi rostro. No quería que nada sucediera.

Y presentía que nada bueno saldría de ésto.

—No sucederá nada —Aseguró Kevin acariciando mi cabello.
—Tengo el presentimiento de que sí lo ocurrirá.
—¡No seas estúpida Paula! —Gritó Jay; quité las manos y le observé a los ojos.
Sus globos oculares grisáceos tenían una gran cantidad de lágrimas.
—¡¿Por qué rayos siempre ves lo negativo de las cosas?! —Continuó—. ¡Alto!.. por favor.. —Susurró ésto último, muy débil.

Le miré incrédula. Nunca antes había visto llorar a Jay y jamás me había gritado con tanta furia melancólica.
—Debo subir. No importa mi maldita vida, solo quiero que los chicos estén bien —Musité decidida.
Avancé con rapidez para poder servir de ayuda a  y Pedro pero los fuertes brazos de Daniel me detuvieron.
—Piensa antes de actuar —Dijo sin más.
—¡¿Y qué crees que hago?! —Le grité—. ¡¿Qué no oyes todos aquellos fuertes sonidos y gritos de ellos mismos?!. Por favor, Kevin; ¡Tú piensa antes de actuar!, ¡Déjame ir!.
—No lo haré. Eres muy débil ante todo ésto.

Y fue ahí cuando un cuerpo repleto de sangre rodó por las escaleras, quedando frente a mis pies.
—¡Daniel!.

Capitulo 36


—¿Paula?, ¿Pedro? —Oímos una tercera voz. Kevin— Creí que habían huído de la fiesta ayer —Dijo en un bostezo.
—¿Y Jay? —Cuestionó Daniel a Kevin.

—En la habitación de huéspedes.

Tomé a Paula del mentón y la obligué a mirarme directamente a los ojos.
—Tranquila, yo te cuidaré. No se acercará a tí.
—¿No te irás? —Sorbió su nariz.
—No hermosa —Sonreí—. Me quedaré contigo. Ya te lo eh prometido antes, ¿No? —Asintió.
—¡¿Hiciste el Amor con Jay?! —Gritó Daniel exaltado.
—Sí. ¿Cuál es el problema?. —Le miramos extrañados y él rió— ¿Qué tengo?.
—Se suponía que le tendrías que decirle que le querías, no Hacerle el amor toda la noche —Dije entre risas fingidas.
—¡Pedro! —Paula golpeó mi extremidad izquierda.
—¿Qué? —Cuestioné inocente.


Narra Paula.

Transcurrieron unas dos horas aproximadamente, en las que ordenamos el hogar de Daniel. Estaba hecho un verdadero desastre.
—Bien chicos, nosotros iremos por ahí unas horas —Anunció Kevin tomando la mano de Jay, quien tenía una gran sonrisa en el rostro—. Adiós.
—Hasta luego —Musitamos al unisono Kevin,Pedro y yo.

Daniel tomó el pomo de la puerta y en un dos por tres, ambos ya no estaban ahí.
—Vale, sé que ustedes dos también quieren irse a compartir saliva. —Dijo obvio, Daniel— ¡Adelante, vamos! ¡Déjenme solo con éste hijo en mi vientre! —Exclamó, reí.
—¿Estás embarazado?.
—Sí, y tu novio es el padre —Musitó con una sonrisa, carcajeé aún más.
—Pedro, me eres infiel con Daniel.
—¿Qué?, ¡No! —Exclamó, aunque se veía algo ido desde aquel estúpido mensaje.
—Tengo a éste bebé desde hace tres meses atrás. —Continuó Daniel.
—Ya Daniel, no estoy para bromas. —Habló Pedro alborotando su cabello y tomando asiento en una silla cercana. Llevó ambas manos a su rostro y lo ocultó entre éstas.

Podía sentir su preocupación en el aire.

—Pedro, ya.. está bien. —Musité acercándome a él.
—No Paula. No está nada bien. ¿Crees que está bien que un ex novio tuyo psicópata te envíe mensajes horribles?, ¿Te imaginas que cosas te podría hacer él si no estoy alerta?. Podría abusar sexualmente de ti; obligarte a hacer cosas que no deseas; hacerte volver con él y amenazarte de que si no, hará algo más grave. —Dijo en un grito— ¡Quiero asesinarlo, maldita sea! —Se levantó y pateó una pequeña mesita tintada de marrón.
—¡Pedro, mierda, cálmate! —Gritó Daniel corriendo a él.
—No creo poder calmarme, es imposible. ¡Mi novia corre peligro por un malnacido hijo de perra!. ¿Tú no estarías igual si algo así le sucediera a tu futura novia? ¡¿Eh?! —Cuestionó desesperado— ¡Contesta, maldición! —Gritó.

Asustada, retrocedí unos cuantos pasos.

—¡Sí maldición! —Gritó Daniel enfadado, el estado de ánimo se podía saber gracias a sus ojos que habían perdido algo de brillo.
—¿Ves?, ¡¿Cómo mierda quieres que me calme?!
—Chicos ya basta. No tiene caso gritar y pelearse. —Interrumpí.

Centraron su mirada en mi persona, ambos con el ceño fruncido y con una mueca no muy agradable.
—Saldré a caminar. No necesito compañía. —Musitó Pedro volteándose a tomar su saco. Una vez en la puerta se giró, no te apartes de su lado en ningún segundo de lo que resta del día. ¿Oíste?.
—Mira, no es que tu seas mi capitán o algo por el estilo. Pero cuidaré a Paula, por mi voluntad. No porque tu me lo ordenas. ¿Oíste? —Dijo imitando su voz en ésta última palabra.

Pedro le fulminó con la mirada y luego cerró la puerta con fuerza, haciéndola resonar en toda la casa.
—Daniel, no quiero que dejen de ser amigos por ésto.. —Susurré culpable.
—Son solo peleas. De seguro volverá luego corriendo a por un abrazo de su mejor amigo. —Bufó.
—¿Lo prometes? —Pregunté.
—Claro sistah —Sonrió—. ¿Quieres salir?, no creo que estar encerrada todo el día en mi casa sea divertido.
—¿Dónde quieres que vayamos? —Cuestioné con una sonrisa en mi rostro.

Silencio.

—Paula_, ¿Por qué no denuncias a Chaz a la policía? —Habló Daniel con sus labios en línea recta y cambiando rotundamente el tema de conversación—. Es decir, así te librarías de toda ésta mierda.
—Créeme que lo intenté. Pero no sé como es que Chaz puede saber todos mis movimientos; dijo que si le denunciaba, ocurriría algo peor, así que no —Él asintió y nos quedamos unos largos segundos en silencio. Muy incómodo por cierto— ¿George Shelley, era su amigo? —Cuestioné.
—¿George, el swagmastah? —Le miré confundida—. Lo siento, ¿George Shelley?.
—Ahá.
—Pues, sí. Era nuestro amigo; pero le quitó algo muy preciado a Harry un año y medio atrás —Bajó la mirada.
—¿Qué cosa?.
—Sonará extraño, pero Pedroy tenía, o más bien, tiene una hermana mayor.
—¿Qué? —Pregunté incrédula.

¿Una hermana mayor?, ¿Por qué jamás me habló de eso?.
—La tiene, pero no le gusta hablar de eso. Jamás la ha presentado a nadie, con excepción de George, Kevin y yo.
—¿Y qué tiene que ver ella en todo ésto?.
—Verás. Una tarde de verano en Diciembre, Gemma; la hermana de Harold, desapareció de casa y durante cinco condenadas horas la buscaron. Pero ni rastro de ella. Treinta minutos luego, llegó a casa con George riendo y de la mano. Harry se enfadó. Él era muy sobre protector con Gemma y no soportaba que algún chico se le acercase, y menos uno de sus mejores amigos. Los meses transcurrieron y ella les dió la noticia a Harry y Anne que salía con George; pero como no toda relación es eterna, un día rompieron, ella rompió con él gracias a que la engañaba con otras dos más. Sin esperar más, empacó sus cosas y se largó de casa, sin aviso alguno. Aún se desconoce donde se encuentra. —Hizo una pausa— Esa es otra de las razones de por qué actuaba como delincuente antes.

Entonces, fué ahí, donde recordé algo que había ocurrido un tiempo atrás.

Flashback.

—¿Pedro?
—¿Sí? —Dijo algo agitado.
—¿Por qué estás tan agitado? —Pregunté confundida.
—Por nada.. —Noté un tono frío en su voz.— ¿Estás lista?.
—Sí. –Salí por completo del cuarto de baño, hace poco solo tenía la cabeza asomada.—Por cierto.. ¿De quién son estos vaqueros? —Indiqué los vaqueros ajustados blancos que traía en mis piernas— Porque no creo que te pertenezcan.
—Los pedí a una prima. —Me alivié.
—Oh..
—Te .. te lucen bién..
—¿Sí? —Me miré— entonces.. gra..gracias.. –Farfullé.

Fin flashback.

Aquellos vaqueros blancos no eran de su prima. Pertenecían a Gemma.

—Pero —Tragué saliva— ¿Por qué Harry no habla de ella?.
—No le gusta recordarla. Le dá nostalgia, la amaba demasiado.

Bajé la mirada con melancolía. La vida de Harry es dura, muy dura. Su madre falleció mientras yo estaba como una idiota enfadada con los que ahora son mis mejores amigos; su padre la dejó desde que Anne le informó sobre el embarazo, y su ahora su hermana, huye de George.

Debió quedar bastante dolida como para que dejara el país o tal vez la ciudad.
—Solo te tiene a tí ahora. Comprendo el por qué de su gran enfado. No quiere perder a alguien más importante en su vida. Él te ama demasiado Paula —Musitó acariciando mi mejilla.

Mis ojos comenzaron a cristalizarse, formando una imagen borrosa de Loueh frente a mí.

Quería rodear mis brazos al rededor del cuerpo de Harry y besar sus labios con ternura, con amor, como siempre.

—¿Vamos ahora? —Cuestionó Loueh limpiando mis lágrimas con sus pulgares.
—Claro.

Tomé mi saco y él abrió la puerta, para luego, guiarme a su vehículo rojo.
—¿Qué te parecen unas malteadas en “Boo's milkshakes”? —Sugirió mientras se ponía el cinturón de seguridad.
—Me parece bien —Sonreí—. ¿Me dirías la hora, por favor? —Pedí.
—Las siete y cuarenta y cinco de la tarde.
—Gracias. Ahora avanza rápido, muero de sed y hambre.


(...)


—¿Bromeas? —Cuestioné entre risas—. No puedo creer aún que hayas hecho tal tontería.
—¡Estaba ebrio! —Se excusó— Quizás que otras horribles cosas más hice.. —Reímos.

Louis giró el pomo de la puerta para entrar a casa.
—Gracias por traerme Loueh —Sonreí.
—Todo por tí, sistah —Sonrió.
—Bye —Besé su mejilla.
—Hasta mañana —Sacudió su mano hacia ambos lados y se dirigió a su medio de transporte para volver a casa.

Prendí las luches de la sala de estar y me encontré con una nota pegada al frizzer.

“No estaré una semana más Paula, el odioso trabajo no me deja en paz. Pero juro tomar unas vacaciones de dos meses para que podamos disfrutar ambas, junto con Liam si acepta.
Te quiere, Mamá”.

La rompí en mil trocitos diminutos y la tiré al bote de basura. Ahora que nos habíamos reconciliado, debía estar ausente. Genial, pensé.

Subí las escaleras algo adormilada, y al llegar a la puerta de mi habitación oí unos ruidos. Mi piel se erizó y rápidamente entré, encontrándome con una no muy agradable sorpresa.

Temblé.

Capitulo 35


Abrí mis ojos pesadamente. Juraría que no tenía más líquido en mi cuerpo, lo había desperdiciado toda la noche llorando.

Viré la mirada a Pedro, quien tenía sus ojos color esmeralda —Marrones— cerrados, hinchados y su ceño permanecía fruncido.

Bastó solo un leve movimiento de mi organismo para que él se despertase de golpe y me observara directamente a los ojos, los cuales, hicieron conexión de inmediato.

—¿Los chicos.. lo sabían? —Cuestioné triste.
Bajó la mirada y susurró —Sí..
—¿Por qué no me lo has dicho antes?.
—No quería preocuparte antes de tiempo, ahora solo quedan algunas horas para mi ida..
—¿Q..qué?. —Pregunté al borde de las lágrimas— ¿Por qué ahora?.
—No puedo decirte las razones ni por qué ahora.
—¿Por qué?.
—Diablos Paula. —Se sentó— ¡No quiero hacer ésto! —Gritó— ¡Juro que no quiero alejarme de tí!. Quiero permanecer a tu lado, para siempre.
—¿Entonces?, ¿Por qué te vas?.
—No puedo confesarte las verdaderas razones.

Silencio.

—Llévame a casa. —Ordené mientras me ponía en pie, dándole la espalda para entrar al cuarto de baño.
—Paula..
—No Pedro, no. Me asearé, vestiré y me llevarás a mi hogar. Fin. —Musité entrando a éste.

Cerré la puerta y luego, me cargué sobre ella, liberando un pesado suspiro. Me dirigí a la ducha y regulé el agua.

Tibia, perfecta.

(...)

—Gracias por traerme. —Musité bajando rápidamente de la motocicleta.
—¡Hey, Mi Amor! ¡Espera! —Gritó Pedro tomando mi brazo.
—¿Qué quieres? —Cuestioné fría.
—No te enfades conmigo por ésta tontería —Chasqueó su lengua.
—Sí, como quieras. —Dije intentando quitar su mano de mi extremidad izquierda, pero se me fué imposible.
Él tenía más fuerza que yo.
—Hablo en serio. —Frunció el ceño.
—Igual yo. Ahora, ¿Podrías dejarme entrar a casa? —Cuestioné irritada.
—Quiero mi beso.
—Oh, con que quieres tu beso, ¿Eh? —Sonreí irónica. No quería llorar, por lo cual, me mostraba dura— Aquí tienes tu beso —Musité mientras depositaba un frío beso en su mejilla.

Me zafé de su agarre y entré rápidamente por la puerta de casa. Subí corriendo a mi habitación, tirando antes mi bolso en el sofá de la sala de estar. Cerré de un portazo y me tiré de cabeza a mi cama, no aguantaba más. Estaba harta de llorar por tonterías. Él se iría, ¿Qué más podría hacer?.


Narra Pedro.


—¿Cómo se lo tomó hermano? —Cuestionó Daniel a mi lado. Tenía su cabello desordenado y unas grandes ojeras, realmente había tenido una noche movida.
—Horrible. Está enfadada, cree que todo lo que antes le eh dicho es mentira.
—¿Sabe la razón?.
—No.
—Deberías hacerle saber que te vas por el enfermo mental de Chaz.
—No. Si me alejo de ella, será para que él no le ponga ningún dedo encima.
—¿Y le crees?.
—Ayer, mientras compraba el boleto de avión, me ha llamado y ha dicho que si no me alejo de Paula, en cualquier momento abusará de ella. En cambio, si me voy, no le hará nada. Cortará con todo ésto de las amenazas y le dejará vivir en paz.
—Repito, ¿Le crees?.
—Sí.
—¿Cómo?. Estamos hablando de Chaz Edwards, el ex novio loco maniático de Paula. Creo que solo quiere quitarte del camino para hacer lo que quiera con ella.
—¿Qué?.
—Hay Pedro —Suspiró mientras con una sonrisa se acercaba a jugar con mi cabello— Mi inocente Pedro. ¿De verdad eres tan estúpido? —Fruncí el ceño— Es decir, es más que obvio que todo eso es falso.
—Mierda.. —Susurré— En serio soy un hijo de perra estúpido malnacido —Golpeé su mesa con fuerza— Iré a decirle a Paula que no me iré. —Musité levantándome de la silla de madera del juego de comedor de Daniel.
—Alfonso. —Habló él— Antes de todo piensa. Él quiere acabar contigo.
—Lo sé —Alboroté mi cabello nervioso.
—Si te quedas se formarán más problemas, podrías salir herido.
—No me importa. Prefiero salir yo herido a que ella.
—¡Pedro! —Oí su voz con la respiración agitada desde la entrada.
Corría a nosotros con lágrimas en los ojos y con morados en sus brazos.

Se tiró sobre mí con pesadez. Se veía agotada, aterrorizada. ¿Qué diablos había ocurrido?.
—¿Qué ocurre? —Cuestioné con preocupación.
Elevó su mano con él móvil en ésta y me lo entregó.

“Espero disfrutes éstos últimos minutos de felicidad con tus amigos, porque llegaré cuando menos lo esperes Paula. Me eh enterado de que tu noviesito, Pedro, no se irá. Por lo tanto debo estar bien preparado”.

Apreté mi mandíbula fuertemente e intenté controlar mi respiración.

—Es de Chaz, ¿No? —Conseguí decir, un poco más calmado.
—¿Qué es de Chaz? —Cuestionó Daniel adentrándose en nuestra conversación. Me quitó el teléfono celular de las manos y leyó el mensaje. Luego me miró con el ceño fruncido y después viró la mirada a Paula— Tranquila, estamos nosotros y los chicos para que no se te acerque.

Ahora el móvil que indicó la llegada de un mensaje fué el mío, vibrando dentro mis vaqueros. Lo quité de donde estaba y lo leí con una mueca enfadada.

“Cuando menos lo esperes iré por tu novia, cuídala Alfonso”.

Capitulo 34


Sabado en la Noche: Siempre habia Fiesta en lo de Kevin.. 

Le regalé una sonrisa tierna y uní nuestros labios en un beso lleno de sentimientos. 
Es increíble como dos personas pueden hacer aquello sin mencionar palabra alguna.
—Vayámonos de aquí —Murmuró entre besos.
—¿No querías estar en la fiesta descontrolada de Kevin? —Cuestioné con la respiración entrecortada.
—Prefiero estar contigo a estar rodeado de chicas semi desnudas y drogados —Sonrió.
—Eso es extraño en tí, Alfonso —Reí dulcemente.
—Huyamos de aquí, por ésta noche. Quiero estar solo a tu lado, sin nadie más.
—¿Dónde quieres ir? —Musité entrelazando nuestros dedos.
—Sé de un lugar. —Juntó nuestras frentes— ¿Qué dices?.
—Iría a cualquier lugar contigo a mi lado, Pedro Alfonso. —Sonreí.
—Vamos. —Musitó mientras daba la media vuelta y esquivaba a la multitud.

Una vez fuera, ayudó a que subiera a su motocicleta, me hizo entrega de un casco protector y luego el subió. 


El camino transcurrió rápido y al aparcar la motocicleta, contemplé el lugar. Una hermosa caballa tintada de un brillante color marrón.
—¿Qué es éste lugar? —Cuestioné quitando el casco de mi cabeza.
—Cuando pequeño venía con mamá y algunos familiares —Sonrió— Quiero que seas la primera chica con la que salgo que conozca éste lugar. Es muy preciado para mí.
—¿Cómo es qué alguien desabrido y amargado, puede cambiar así de rápido a una persona tierna y adorable? —Cuestioné en una risita.
—El poder de Paula Chaves. —Rió.
—¿Me estás queriendo decir que soy una bruja? —Fingí estar ofendida.
—¿Qué? ¡No, no!. Nada que ver, tú eres..
—Tranquilo, solo bromeaba —Le interrumpí— Hace frío, —Froté mis brazos— ¿Entramos?
—Claro —Sonrió.

Nos dirigimos a la puerta de entrada y él sacó unas llaves de su blazer obscuro, la abrió y examiné el lugar con la mirada. Era muy bonito, tenía cuadros elegantes y sobre los muebles permanecían fotografías y muñecas de porcelana. A su lado, algunos juguetes de Pedro —Creo— de pequeño. Tenía un aroma a frambuesa y todo era muy acogedor.
—¿Te gusta?
—Es muy lindo —Sonreí— ¿Esos son tus juguetes? —Cuestioné mientras corría a verlos.
—¿Qué? No, no. —Balbuceó— Son de.. está bien, sí, eran míos. —Suspiró.
—¿Y éste eres tú? —Pregunté indicando a un pequeño de cabello dorado y lacio de las fotografías.
—Rayos, había olvidado esa fotografía. —Alborotó su cabello— Sí, soy yo. ¿Subamos? —Cuestionó incómodo.
—Sí —Reí.

(...)

—Eres la octava maravilla del mundo —Musitó mientras observábamos las estrellas.
—Ya basta Pedro —Reí nerviosa.
—¡Mira! ¡Si unes aquellas estrellas formas un camión!
—¿De qué diablos hablas?, es un helado. —Contradije.
—Camión.
—Helado.
—Camión.
—Helado.
—Camión.
—Helado y fin. —Sonreí.
—Entremos, quiero enseñarte algo. —Susurró a mi oído, me estremecí.
—¿Qué es?.
—Solo espera —Musitó y corrió fuera de la terraza.

Me dirigí a la cama matrimonial que había en aquel cuarto y me recosté en ésta. Pedro me había entregado una gran camiseta que guardaba en ésta cabaña, por lo tanto, solo tenía su ropa y el atuendo interior.

Sonreí.

Ahora todo era perfecto.

Tenía a mis amigos, mi madre, amor.. y a Pedro. Nada podría separarnos ahora.

—“Don't try to make me stay 
or ask if im okay. 
I don't have the answer. 
Don't make me stay the night 
or ask if im alright 
I don't have the answer 

Heartache doesn't last forever 
I'll say I'm fine 
Midnight ain't no time for laughing 
When you say goodbye 

And it's your lips 
So kisseable 
And your kiss 
unmeassable 
Your finger tips 
So it's searchable 
And your eyes 
Irresistible 

I've tried to ask myself 
You asked someone else 
I wish I knew the answer 
But I know 
If I go now 
If I need 
And I'm on my own tonight 
I'll never know the answer 

Midnight doesn't last forever 
Dark turns to light 
Heartache flips my world 
to round i'm fooling 
down down down 
that's why 

I found your lips 
So kisseable 
And your kiss 
unmeassable 
Your finger tips 
So it's searchable 
And your eyes 
Irresistible”.

Okay. Ahora sí que no podía respirar.
Él me había dedicado una canción y estaba a centímetros de mi rostro.
—Te amo. —Musitó en una sonrisa— Eres irresistible —Reí nerviosa.
—¿Por qué eres así conmigo? ¿Qué hice para merecerme a alguien tan especial como tú? —Sonreí.
—Paula. Me iré en unos días. —Dijo borrando aquella hermosa sonrisa que tenía.
Le miré confundida— ¿A qué te refieres? —Cuestioné incrédula.
—Tengo unos asuntos..
—¿Qué asuntos?, ¿Qué ocurrió con el “jamás me alejaré de tu lado, te protegeré siempre”? —Pregunté mientras lágrimas nublaban mi vista.
—Debo hacerlo. —Musitó esquivando mi mirada triste— Lo siento.. —Se alejó unos centímetros y bajó la mirada— En serio no quiero dejarte, todo lo que dije fué verdad.. pero..
—No por favor, no más promesas rotas Pedro. ¿Sabes lo que me ha costado volver a confiar en tí luego de todo lo ocurrido?. Prometiste quedarte a mi lado para siempre —Murmuré en un hilo de voz— yo quiero que cumplas esa promesa.
—Te amo con toda mi alma Paula. Y no miento. Ninguna palabra que antes haya dicho es mentira. Eres mi todo.
—Quédate conmigo, por favor —Pedí entre lágrimas.
—No puedo, es realmente importante la razón por la cual debo irme.. —Susurró.
—¿Dónde irás?
—No puedo decirte, te metería en problemas. Y eso es lo que menos deseo en la vida.

Mi pecho dolía. El corazón que poseía de seguro estaba trizado en más de mil pedazos.
—Tus labios, son tan besables. Tu beso, es imposible de rechazar.. las yemas de tus dedos, tan tocables y tus ojos.. irresistibles. —Musitó— Y ahora debo dejar todo ésto.
—¿Cuándo te irás?
—En dos días.. —Confesó, ahora si que era un mar de lágrimas— Por favor Paula no llores.. —Susurró mientras acercaba una de sus manos a mi rostro.
—¡¿Cómo diablos me pides eso Pedro?! ¡Estábamos perfectos!, ¡Todo estaba bien!, hasta esto..
—Perdóname..
—¿Por cuanto tiempo?
—Extenso.
—Quédate —Musité mientras le rodeaba con mis brazos y lloraba en su pecho— No te vayas, quédate por siempre a mi lado como prometiste, quiero envejecer contigo a mi lado.
—Te amo. —Susurró— Pero no hay nada más que pueda hacer. Ya está todo listo.